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¡Albricias y jolgorio!

Por fin, después de dos años dando la murga, he conseguido que mi banco sueco me cancele la cuenta y deje de cobrarme las dichosas comisiones. De trecientas coronas que tenía he acabado con un descubierto de unas 90, que tampoco es gran cosa, pero en Suecia por tener un descubierto en el banco te cobran impuestos, que digo yo: ¿si no tienes dinero en el banco, cómo vas a pagar? Pero la lógica nunca ha sido el fuerte de los suecos.

No, los años no han conseguido apagar la llama de mi odio. Es que si no me dedico a odiar a los suecos, no sé con qué llenar mis ratos de tedio.

Lo que más rabia me da es que, si me fui de Estocolmo sin cerrar yo misma mi cuenta en una sucursal, fue porque aún me quedaban dos sueldos de cobrar. Y en Suecia, al revés del resto del mundo, los salarios no se cobran a mes vencido, sino al cabo de dos (2) meses.

¡¡Raros, que sois unos raros, hombreya!!

Y cuando, dos meses después, ya desde mi pueblo, les llamé por teléfono, sólo me contestaba un contestador de ésos que son tan "populares" últimamente:

-- Si desea información sobre planes de pensiones, pulse o diga uno... Si desea información sobre capital riesgo, pulse o diga dos... Si desea conocer su saldo, pulse o diga tres-asterisco-F12-ñicñic-tsk-tsk... Si desea cagarse en la socialdemocracia sueca, por favor, espere.

-- ¡Quiero hablar con una persona! Jag vill prata med ett person!!

-- No le he entendido.

-- ¡¡Porque eres imbécil, máquina sueca de los c*!!

Dado que el teléfono no funcionaba, me decidí por enviarles cartas amenazantes solicitarles por escrito que cerraran mi cuenta. Tomé la costumbre de enviarles una al mes, a la que ellos inevitablemente contestaban con otra en la que me notificaban que mi cuenta seguía al descubierto (cada vez un poquito más).

Hace dos meses, me cansé, decidí que pasaba de ellos, de la declaración de la renta sueca (seguro que no tienen agallas de venir a buscarme a casa y arrestarme por impago) y de los suecos así en general, y dejé de escribir, de llamar y de todo.

Y justo esta semana me escriben contándome que han cerrado mi cuenta y que. además, han cancelado mi deuda. ¿Será que se habían acostumbrado a mis amenazas y me echaban de menos? ¿¿Son o no son raros los suecos??

Hay gente a la que se la reconoce por sus filias. A mí se me reconoce por mis fobias.

Podría ser peor.

Colonias

El abogado llega pegando grandes zancadas y me ordena que no deje que nadie le interrumpa durante la siguiente media hora, porque tiene que hacer una llamada importantísima. Intento explicarle que hay alguien esperándole, que le han llamado tantas personas, que me tiene que firmar nosecuántos documentos, pero me interrumpe:

-- Es una llamada muy importante. No quiero saber nada hasta dentro de media hora.

Y se encierra en su despacho. A través de la puerta le oigo descolgar el teléfono, marcar (tiene el altavoz puesto) y esperar la respuesta. Finalmente, al otro lado se oye una voz de niño:

-- ¿Siiii? (Con esa entonación tan teatral que tienen los niños que aún no están acostumbrados a hablar por teléfono. De fondo se oyen gritos, chapoteo de agua)

-- ¡Hola, hijo! ¡Soy papá! ¿Qué tal en las colonias?

-- ¡Hola, papá! Ahora no puedo... (se distrae) ¡Es que nos vamos...! Papá, ¡nos estamos bañando en un río!

-- Qué bien, hijo. No cuelgues, que llamo a mamá y así hablamos los tres.

Deja la llamada en espera, llama a su mujer, pone el modo conferencia, se saludan:

-- ¡Hola, mamá! ¡Estamos en un río y nos estamos bañando! ¡Y mañana vamos a subir a un monte o algo así!

Dejo de escuchar porque suena mi teléfono y tengo que atender a un cliente, que me entretiene durante casi diez minutos. Pero en cuanto cuelgo, vuelvo a pegar la oreja. Ahora el niño está llorando:

-- E-e-es que os echo de menoooos...

-- Ya, hijo, y nosotros a ti también...

Y la madre:

-- Cielito, anda, no llores.

-- Yo-yo-yo quiero vo-volver a ca-a-a-saaaa...

-- Venga, ¡si no te queda nada! ¡En tres días nos vamos a volver a ver!

-- Uh-uh-uuhh...

-- Cielito, te queremos mucho.

-- Uh-uh-yo tambiééén...

-- Un beso, hijo, y, por favor, no llores...

El abogado cuelga y sale del despacho con las orejas gachas. Le pregunto si está bien y me mira con cara de perro abandonado.

Tiene que ser muy duro enviar a tu hijo de colonias en verano...

Automutilaciones

Se me está haciendo complicado recuperar el hábito de bloguear. He cambiado de plantilla y he perdido todos los enlaces, y me da una pereza tremenda volver a meterlos todos de golpe... Creo que mejor aprovecharé los ratos muertos del trabajo.

En el trabajo tengo muchos ratos muertos; en concreto, desde que entro hasta que salgo. En mayo mi jefe, el Gran Oso de Peluche, se marchó de la firma para dedicarse a un proyecto ultrasecreto (para mí que va a entrar en política...), así que desde entonces soy una secretaria sin funciones. Al principio parece guay, pero a la larga acaba siendo cansino. Yo creo que lo estoy somatizando, porque en los últimos diez días he visitado urgencias cuatro veces: por quemaduras, al tirarme encima el café hirviendo del Abogado Estresado; por un corte profundo que me hice de manera misteriosa con una astilla suelta de mi mesa; por arrancarme medio labio al intentar cortar la cinta de celofán con la boca (niños, recordad: ¡las tijeras son vuestras amigas!); y por romperme la ceja al estornudar con demasiado retroceso.

Lo que más pena me da es que, ahora, cuando grito de dolor en la oficina, ya no se asoma nadie. En cambio en urgencias ya me conocen por mi nombre y me cuelan antes. Algo bueno tenía que tener.

Coming back soon

Voy a volver... Poco a poco, que todavía no tengo internet; pero al menos pronto tendré algo que contar (me marcho al fin de Madrid: ni más ni menos).

Para mis fanes (si los tuviera) he creado la bitácora que siempre quise leer: Gracias de Antebrazo, el hogar de los resabidos y los amantes de la corrección lingüística, así en general y sin hacer distingos. Prometo actualizar de vez en cuando.

¡Hasta pronto!

La dichosa gripe porcina

Está claro que toda precaución es poca, pero por si a alguien le interesa, creo que las cifras informan mejor que los telediarios:

- Fallecidos en México a causa de la gripe porcina: 8 (en mi pueblo ocho niños tuvieron varicela y no salió en la tele).
- Fallecidos en México cada año por complicaciones respiratorias relacionadas con la gripe tradicional: más de 100 000 (¡Dior mío! ¡La gripe tradicional nos va a matar a todos!)
- Fallecidos fuera de México a causa de la gripe porcina: 1 (era mexicano, tenía 2 años y traía la gripe puesta de casa)
- Fallecidos en España cada año por complicaciones respiratorias relacionadas con la gripe tradicional: más de 1000 (¿cómo es que la OMS no hace nada al respecto?)
En cualquier caso, os deseo a todos un buen puente y mucha salud.

Jo

Sólo quería dejar constancia de que echo de menos bloguear, y que me estoy pensando seriamente contratar internet en un pincho para poder conectarme de vez en cuando.

Os leo, aunque no lo parezca.

Si no lo cuento, reviento

¡¡Ayer me encontré con Bahhía en el ascensor!! ¡¡Resulta que trabajamos en el mismo edificio!! ¡¡Y ella me reconoció!!

Esto se lo cuentas a un manco y le crecen los brazos.