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Salir

(Sólo he vuelto para quejarme... Quedáis avisados)
Pongamos que yo salgo un día cualquiera a tomarme unas cañas con mis amigos, a alguna terraza, a las cinco de la tarde. Si a las siete o a las ocho anuncio que me voy, a todo el mundo le parece normal. De hecho alguno más aprovechará para irse también. No es que nada vaya mal; es que después de pasar un rato con amigos, a todo el mundo le llega el momento de ir a casa. creo que esto todo el mundo lo entiende.
Pues bien; no me entra en la cabeza bajo qué lógica, si yo salgo a tomarme unas copas con esos mismos amigos un sábado a la una de la noche, y un par de horas después anuncio que me voy a casa, ellos me sujetan, me suplican, me insisten que me quede; me preguntan si lo estoy pasando mal, si tengo algún problema personal, si me ha sentado mal la bebida. El concepto noche = tener sueño no les entra en la cabeza.
De hecho, es una costumbre muy española y que no entiendo cómo nadie se da cuenta de lo infinitamente desagradable que es. Si me pongo el abrigo y anuncio que me voy a casa, desde luego tengo intención de irme, y si vosotros me sujetáis por la fuerza, me arrancáis el abrigo, bloqueáis la puerta y me ponéis una copa en la mano, sólo conseguiréis que me sienta prisionera. de verdad. No creo que nadie en esa situación se sienta cómodo. Una noche que iba bien; y que podría haber terminado perfectamente conmigo dormidita y a mi hora, se convierte en una verdadera angustia. Porque es angustioso pensar que estás encerrada en un sitio y que no puedes irte a tu casa. ¿Acaso no habéis visto El Ángel Exterminador? Pues eso. Y me da igual que algunos no usen la fuerza (es asombroso que la mayoría sí lo hace); es igual de molesto que te supliquen e intenten convencerte con palabras.
Lo más sorprendente es que, si después de semejante invasión de mi libertad personal, me siento en una silla a esperar a que pase el tiempo suficiente para intentar otra vez irme a mi casa, los mismos que me mantienen prisionera se enfadan.
-- Tía, no bailas.
-- No, porque estoy cansada. Por mí me habría ido a casa hace media hora, pero no me dejasteis.
-- Ya tía, pero si te quedas es para bailar. Si vas a estar en ese plan...
¡¡Pero vamos a ver!! ¿En qué plan va a estar una persona a la que has obligado por la fuerza a quedarse cuando quería irse a su casa? ¿En qué lógica entra que después de sujetarla contra la pared para quitarle el abrigo, puede estar dando saltos de alegría y felicidad? ¿Alguien me lo puede explicar?
Sé que todo esto en realidad sí tiene una lógica; la lógica de que si te quedas en pie hasta que amanece, es un triunfo; si te vas a casa antes, es un fracaso. O algo así. Sólo con ese razonamiento se entiende esa obsesión por aguantar. En mi concepto de diversión, el verbo aguantar no entra en ninguna parte, pero parece que es la base de la fiesta en este país. ¿Qué le voy a hacer si nací impaciente? Mientras me lo paso bien, me quedo; cuando empiezo a no pasarlo tan bien (porque estoy cansada, porque la música pachanguera empieza a aburrirme, porque estar rodeada de borrachos me estresa), me voy a mi casa. Me resulta asombroso que nadie a mi alrededor comparta esta manera de pensar, que a mí me parece tan llena de sentido común.
Y así acaba el relato de mi Nochevieja. Menos mal que queda todo un año para la siguiente.
Feliz 2009.