
Soy muy admiradora de Emir Kusturica (se lee
[Kusturitsa]). Sus películas son exactamente como yo opino que deberían ser todas las películas: a medio camino entre el esperpento y el cuento de hadas, con historias de amores ingenuos que siempre acaban bien, con animales tan protagonistas como los propios personajes, con bandas de música eslava correteando por las montañas...
Pero... No sé cómo decir esto...
Prométeme no me ha gustado. Parece la película de alguien que imita a Kusturica, sin que le salga bien del todo. Para empezar, Goran Bregovic, el compositor habitual de las bandas sonoras de Kusturica, no figura en los créditos: en su lugar, aparece Stribor Kusturica, ¡el hijo del director! No sé si sólo me pasa a mí, pero el trabajo de los enchufados no lo valoro mucho. Y mucho menos en este caso, que el "niño" se ha permitido colar en la mitad de la peli ¡una canción de Abba! ¡Sacrilegio! ¿Qué pintan Abba en una película de Emir Kusturica? ¿Dónde están los violines, los acordeones, las trompetas? Salí del cine con dolor de oídos.
En segundo lugar, la película intenta ser una mezcla entre la historia de amor de
La Vida es un Milagro y la violencia esperpéntica y desmedida de
Underground: y no alcanza a ninguna de las dos. El autoplagio no siempre funciona, Emir.
Aunque una cosa tiene la película que a mí me gustó, porque es nueva en el cine de Kusturica: hace un par de años el director, de origen bosnio-musulmán, se convirtió al cristianismo ortodoxo. En esta película se nota, porque hay numerosas referencias a los iconos y a la tradición ortodoxa; incluso aparece al final una ceremonia de boda ortodoxa, que en mi opinión es la más bonita que existe (el novio y la novia son coronados como reyes ante Dios). Pero como esto es una de mi inexplicables filias personales, no sé si realmente le añade valor a la película.
El último fallo es que da la impresión de que la historia no se acabe nunca. Los malos (que son malos malísimos, como en todas las pelis del amigo Emir) sufren un escarmiento tras otro, después de lo cual piensas: "Bueno, ahora ya volverán al pueblo y se casarán". Pero no, los malos siempre vuelven a aparecer, sin que se sepa cómo ni de qué manera, y venga a joder la marrana otra vez. Son malos cansinos, de esos a los que odias porque están alargando el metraje inútilmente, mientras que tú sólo deseas que se acabe todo para dejar de eschuchar esa horripilante banda sonora.
En fin, sigo siendo muy fans de Kusturica, porque todo genio tiene un desliz, y porque el autoplagio no tiene por qué ser tan malo (ahí están Woody Allen, José Luis Garci, Jean-Luc Godard... que llevan haciendo la misma película desde los ochenta); ahora, desde aquí te lo digo, Emir: ¡el autoplagio o se hace bien o no se hace! ¡Y que vuelva Goran Bregovic!